miércoles, 2 de septiembre de 2009

When we were kings (carta a un hermano)

When we were KINGS

Querido Hermano: Han pasado tantos años desde aquellas tardes en las que pedalear por las vías era nuestra rutina. Escondiéndonos o afrontando pequeños enemigos del barrio que por uno u otros motivos podrían ir desde un rival de la misma edad a alguna vieja vecina que no les agradara nuestra presencia.
Tanta agua ha pasado por debajo del puente. Tantos momentos!. Algunos buenos , otros muy buenos y algunos demasiado malos.
En mi caso puedo decir que esos momentos van a quedar grabados a fuego en mi alma y mente porque me han hecho el hombre que soy.
Creo que aprendimos a valorar la vida y sus recetas a la par, descubrimos la realidad, las bebidas, las drogas y la libertad juntos. Tomados de la mano.
Quiero decirte que sos el mejor compañero de viaje que me pudo dar la vida. Uno que siempre va a estar ahí. Para cuando lleguen los hijos, las arrugas y los achaques del cuerpo pretendo que nuestras copas se sigan chocando.
Se vienen tiempos muy buenos mi amigo. Nuestras carreras, oficios y profesiones ya están gestadas y depende ahora de nuestra devoción para los frutos que se desprendan de ellas.
Veo que a partir de lo que hicimos hasta ahora tendremos vidas impresionantemente curiosas y entretenidas, como lo son hasta ahora claro. Pero es recién hoy que las armas y trucos aprendidos en esas interminables pedaleadas y pescas y viajecitos, asados etc. Se pondrán en juego. Hoy nos separarán aún más algunos kilómetros. Pero hey, no es nada.
El día que me fui de Córdoba aprendí entre otras cosas que la distancia atrae cosas muy positivas en uno. Principalmente la real valoración de lo que uno tiene y segundo la pasión real de conseguir lo que va a venir. Esa pasión radica fundamentalmente en que cada logro de ahora en adelante va a ser tuyo mi amigo y nadie te lo va a poder quitar.
Tenemos que cortar el cordón. Salir a la calle, vivir y gritarlo. Porque sino es como si nos lo contaran. Como si fuéramos eternos espectadores que nunca van a tener su oportunidad.
Por eso festejo tu partida. Te aplaudo y te envalentono diciéndote que claro que te voy a extrañar pero que por nada del mundo haría nada que te detenga ni para tenerte más cerca ni para frenar tu vuelo. Aunque me convenga, lo prefiera o desee. Siempre voy a estar al lado tuyo para las decisiones que tomes apoyándote de igual manera que vos me apoyaste y me apoyas a mi siempre.
Querido amigo, son éstas horas decisivas: SER O NO SER. Pues elije ser siempre. Gastate, vivilo y arde. Arde siempre que puedas. No te extingas, porque el tiempo es corto y tirano mi querido Diego. Me lo enseño la vida con sus duras lecciones y el caso que he vivido con mi madre y algún que otro ejemplo.
Quien dice que va a ser fácil?. Que tiene de bueno que sea fácil?. Pues yo te deseo que no sea tan fácil. Te deseo la dicha de luchar, de no saber quien sos. Te deseo el lujo de llorar cada tanto para abandonar pieles viejas y cambiarlas por otras nuevas y más resistentes.
Te deseo la adrenalina que te otorga caer y el alivio de siempre cuando el paracaídas se abre justo a tiempo y recién ahí venga el pensamiento que valora la estabilidad del suelo.
Te deseo el amor, las borracheras y resacas que produce la entrada y salida de una novia. Ese carrusel que amamos y que nos mantiene vivos. Te deseo la música y no la que dan en la radio. Esos sonidos de la naturaleza que nos marcan el verdadero tiempo de las cosas. El sonido de los pájaros, los trenes de las ciudades, los sonidos del progreso y las camas crujiendo al coger.
Te deseo el goce de ganar sin lastimar y también el de perder honorablemente.
Te deseo el respeto que te mereces y la autoestima que ganarás día a día.
Te deseo también muchos viajes internos y externos. Gratuitos y pagos con esfuerzo. Esas rotaciones y traslaciones que te hacen reflexionar y por último aprender.
Te deseo todo lo bueno mi amigo pero no haría mucho por evitarte lo malo a lo que te tengas que enfrentar. Porque ese camino es el que aprendimos juntos.
Porque cada vez que te toque lo malo, tenes un amigo que sin juzgarte te apoyará a cualquier precio y te voy a dar mi hombro para que lloremos juntos o para despertarte a cachetadas hasta que me lo agradezcas.
Te deseo la vida, la que tuviste y la que tendrás. Te agradezco por lo que viviste conmigo., por todo lo que me diste y que me das.
Ahí estamos, transitando. Seguimos pedaleando en la misma vía, solo cambia el paisaje mi querido amigo.
Lo que nos incumbe es volver a ser reyes. Volver a ser enteramente libres. Eliminar los reencontras y malos aprendizajes de la adolescencia para ser los hombres de bien que vinimos a ser en este mundo.
Juntos claro como siempre y por la vía, la misma que nos unirá mañana frente a una chimenea, whisky en mano, arrugas mediante para mirar esta vez para atrás y recordad como borrachos melancólicos todo lo que estamos a punto de vivir.

Agarrate fuerte que este tren no para. No te bajes y vomitá siempre que lo necesites. Si lo precisas estoy en el bagon del fondo. Siguiéndote y empujándote para que vayas cada vez más fuerte y con más ganas.
Vamos caballo loco!. Maneté la llama ardiendo.

When we were kings.

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