DEJA VÚ
Un niño mea en la vereda. No supone ningún sentimiento rejectivo en su acto. El, solo siente, muere del sentimiento que le provoca su vejiga para expulsar el agua que bebió minutos atrás.
Al mear el niño no puede dejar su rostro fijo, en el se encuentran el mismísimo aura, ese movimiento matutino y la corriente exacta del coito que en el adulto genera un rostro de niño. En este niño, pues, generaba un rostro de adulto. De abandono permitido y aprobado a su cuerpo para penetrar en el mundo del placer sensitivo. Llámese a este felicidad: Pasajera, eterna o trascendente. De todas maneras, nada, ni el recuerdo extremo de el todo le recaería a el en más placer. Mear ahora era una necesidad absoluta.
Al terminar, simplemente agarra su pequeño pene y lo guarda. Está en vista de la empleada de su gran amigo de la cuadra y a el no le importa. Sabe que no habrá consecuencias por su acto al igual que estaba por demás seguro que no habría inconvenientes en que Rosa, la empleada de su amigo, viera la escena.
Un joven de unos 25 años se encuentra en una cita, es decir, en un sitio hablando con una chica de su edad también de manera (cero) espontánea. Ha planeado cada palabra, cada postura, cada risa. Pero lo que el no sabe todavía es que no ha planeado todo, no ha planeado si quiera lo que se llamaría primitivamente “las praderas del destino” para esa noche.
Es que justamente es él. Un hombre que no puede concentrarse demasiado en NADA sin que ALGO se le aparezca en su mente quitando de su eje, no siempre la información, pero SIEMPRE la objetividad.
Su concentración era siempre una carrera. Un esfuerzo de un tipo que sabe que persigue algo pero que al momento de la gloria, del estupor, lo pierde. Simplemente se sofoca y pierde inmediatamente el interés de la meta.
No puede lidiar con eso. Esta característica amén de ser buena o mala viene con él.
Como cuando de niño jugaba al fútbol y resolvía alguna que otra situación en el área contraria con garra pero al momento de definir todo, o lo que precisaba: se desvanecía, se hacía de repente más débil que lo demás.
Quizás- Pensó- Debiera él llevar un etiqueta con indicaciones para que nadie se decepcione ni sienta amenazado con su vicio o defecto.
Es que el – sentía- tenía mil y un virtudes, como todos. Pero temía ser observado por su gran defecto.
Ahí estaba él. Mirándola, ganando hasta este momento su sexo y su deseo ya que hasta aquí, ella, se sintió escuchada. Tanto, que se desbocó, y que su verborragia la llevó, en sus últimos capítulos o escenas finales, al sitio menos deseado del alma. Del espejo que uno emite. Durante unos 50 segundos ella, casi sin querer, habló de lo mal, de lo triste, del horror, de cambiar, y mil alternativas al no estar ahora con su último novio.
Que cosa la del destino!. Porque él, a sus últimos 6 capítulos, al desenlace (des-prolijo, pero evindente de una treinta añera abandonada) se los perdió por ponerse a recordar y a potenciar (como siempre) su gran defecto.
La miró tras su silencio. Silencio que asocio con la percatación de su autismo esporádico.
A lo que contestó: Vos no tienes la culpa, al final siempre es igual.
Exacto- Ella le dijo.
De repente- Sus ganas de mear, claro, como lo había olvidado?. Siempre sucede luego de sus lapsus. Uno piensa que al ser avanzado en edad, si se quiere, La retención de líquidos debería de hacerse más controlable. Pero: que diablos, El sabía que no era su caso. Hasta los 17 años pensó que era gay porque nunca llegó a mear como meaba su padre a la mañana.
La primera vez que oyó ese chorro de fluido MASCULINO daba igual a un leñador, mecánico o lo que fuere. HOMBRE . Jamás escuchó algo tan intimidante.
Se obsesionó en cada casa que fue luego con las canillas de agua y su correspondiente presión. Las encendía, siempre a escondidas y con alguna excusa por su pudor. Ya sea inventar una mancha en su vestuario que evidencie la necesidad de echar agua a semejante presión.
Luego de probar cada canilla siempre le pasaba lo mismo, Se meaba encima desesperadamente.
Pero estas veces eran las únicas en las que meaba en un largo rato, de lo contrario, siempre meaba muy poco., Era cuando más se parecía a su padre, pero sin potencia.
Algún día decidió dejar de darle importancia a este asunto de la potencia. Fué, creo, cuando conoció a Dorella.
En uno de los intentos que tuvo de viajar bien lejos con sus propios ahorros, en este caso, a Irlanda. Todo, quizás para probarle a su padre que trazaría un destino diferente al suyo. Ya de por si, un joven que visitó Dublin es uno diferente a uno que solo conoció solo Buenos Aires hasta los 15 años.
Dorella fue la gran independencia de su alma-cuerpo-pene. Esto es así porque a él le creció primero mucho su pene. Hoy a varios años de este relato y a proporción de su cuerpo diríamos que es un gran dotado, en fin. Primero su pene, luego creció un poco (y muy poco) su cuerpo.
Pero sin duda la mayor lucha que llevó este jóven hasta ahora fue por desarrollar su alma. Pués sintiéndose siempre un meón frente a un entorno carente de placeres naturales, fue esta asignatura la que más le costó.
Pero aquella noche fué la del equilibrio perfecto entre su edad, su pene, su alma y su cuerpo, Dorella, de 10 años más que el; Le hizo dar cuenta que El tamaño de su cuerpo sería un portal que le ayudaría en la tarea ya que el prejuicio /alto, bajo, gordo flaco) era una primer selección que por suerte el ser humano hacía innatamente y que según ella le evitaba dolores de cabeza. Luego el alma seduciría aunque involuntariamente al otro, le invitaría a pasear a la suya mientras los cuerpos permanecen por minutos/hs/ en el mismo asiento fabricando muecas y halarekes que hagan al otro sentirse con un PAR; Luego el habla. Daría su discurso en representación a su cuerpo y las cosas se darían o no.
Pero lo que le enseñó fundamentalmente es que había chicas, como ella, que se enamorarían solo de su tamaño y que mientras su alma las acepte, el tendría todo el poder. Porque sabiendo el lo de su tamaño, podría transmitirlo con su mirada y ellas encantadas.
No tendría que buscar el momento exacto en ir a su casa, o en donde hacerla reir o el contacto físico. Le alentó a sentirse capaz de notarlo el mismo a este momento.
Cuando? Preguntó el- Con la excitación que conlleva la misma conversación, el pensaba, que con la simple respuesta positiva obtendría aceptación, una erección y lo más seguro: Muchas ganas de mear!.
Luego de tener sexo con Dorella, el sintió por primera vez que podía mear igual o mucho más fuerte que su padre. Acaso era ese momento el cambio de una etapa a otra?. Le dejó de dar importancia esa competencia impune?. En este año las cosas no fueron fáciles para el, mear más rápido que tu progenitor no se acepta así como así de un día para otro.
Fue este año una muestra gratis de que el tiempo era el recurso más desperdiciado por el en el reencuentro con su memoria.
Un hombre de unos 50 años se encuentra sentado frente a 70 personas. El les habla tranquilo, no tiene un discurso frente a el, pero si tiene un apunte. En el mismo no se esgrimen palabras complejas o frases largas. Es solo un simple borrador en el que se apuntan las palabras:
AGUA
SUSTENTABILIDAD
PRECIO JUSTO
SALUD
RIQUEZAS NATURALES
RETENCION
GUERRA
EL PUEBLO
El es un político. Pero no representa al estado, es un representante de un partido de derechos humanos. Hablándole a la máquina de carne. A 45 cámaras de video y 60 fotógrafos. El tiene en el esplendor de su conciencia las consecuencias de cada palabra, de sus ojos. De la seducción que emite cada gesto. Considera y se asegura de tener todo y cada cosa planeado, Actúa como tal.
Estamos en el año 2035 y estamos en Argentina, lugar al que el representa su opinión, que es tan necesaria que define la postura científica, comercial y de conservación que tendrá su área durante la crisis que actualmente atraviesa su región por el intento de invasión de los imperios gemelos (como comúnmente se los llama) a la OTAN y la ONU.
Su discurso avanza lento. Les asegura el, que resolverá cada inquietud y cada duda.
Mientras responde a las preguntas con premeditada gramática y coartación de la información que tiene permitida revelar. Todo esto sin disolver el gesto de calma y estabilidad.
Dice: Los estados soberanos y unidos del sur se ven obligados a emitir este informe, en el que advierten a las tropas extranjeras y les exigen retirarse de sus apostaderos en toda la periferia de nuestras tierras con el fin de apoderarse, controlar y coartar el recurso natural del agua potable.
Con no menos calma hace un espacio de silencio para esperar que se jacte la pregunta ideal.
-Quiere decir Guerra?
Mira haciendo caso omiso, como si no escuchase y busca a otro interprete de la pregunta.
Cuales son los términos de este informe?.
-Les damos 48 Hs. Para retirarse o le plantearemos guerra absoluta los países que redactamos este informe:
Brazil, Cuba, Paraguay, Chile, Bolivia y Ecuador.
Su mano se escapa del escritorio. Se va abajo, Es que este vocero. Se está meando y aprieta el pito mientras muy levemente, casi imperceptible. Va perdiendo el autocontrol y cambiando de ser un hombre de hierro, a un gran pañal que no puede contener una meada (o tanta presion?).
Las preguntas corren, Su impulso intelectual decáe.
Comienza a perder el control de la situación con un nihilismo creciente y abandono de la situación.
Los periodistas preguntan todos a la vez.
48 HS!/QUE SIGNIFICA/QUE PASA CON LA GENTE / HOSPITALES / HERIDAS / DÉSPOTA/
Los flashes comienzan a enceguecerle mientras el desvanece viciosamente con cada segundo. Recuerda una sensación que le aparece ante la humillación de verse perdido en público. Es una catarata de calor, de autoafirmación. Se ve a si mismo diciendo: Quién mea más fuerte!. Está frente a su padre y a su lado está de niño el mismo meando pero sin pedir permiso.
Una luz le devuelve algún sentido, claramente lleva ya segundos en shock. Debería buscar su vaso de agua. Siente la misma cosquilla que cuando se le duerme a uno un pié, salvo que la siente en su médula, en la libido, Es una sensación todavía más fuerte que la orgásmica energía desvanecedora del desmayo.
Es sentir el último hilo del agua del arroyo y aferrase a el hasta que la cascada que estaba en la foto vuelva a su caudal y así podré retirarme invicto. (piensa el).
Por supuesto que no es tan fácil, Al irse acabando el vaso el recupera a velocidad de Nano-segundos una lúcida conciencia. Pero no es la conciencia que te devuelve a una conversación práctica y útil. Es más bien la conciencia del asesino. Que luego de viciarse con la más caprichosa de sus abstracciones y represiones vuelve a ser quien no carga ya con sus vicios, quizás, hasta sin culpas. En fin. Quien se deshizo ya de lo malo.
El hombre soltando su pito a pura presión. Levanta su celular y con un gesto de preocupación primero levanta a media asta su culo y alguien (de sus asesores) le sigue la corriente luego con un impulso un poco mayor levanta su cuerpo, gira un cuarto de su cabeza tapando un oído y negando su rostro a los periodistas. Espera contando hasta cuatro. Luego gira y hace un gesto como de: no va más, me necesitan. Y así, como quien no quiere la cosa, se acabó esta conferencia de prensa.
Al salir de este salón, ni bien abre la puerta vaivén. Prende su teléfono y llama mientras camina por un pasillo y se agarra el pito con una mano caminando con esfuerzos chuecos.
Camina mientras apura su paso, con su rostro desencajado, pero sin dejar de leer un mensaje en el teléfono que le roba su rostro.
Caminando a pasos bien cortos y apurados en clara señal de estar meándose y se enfada al no coordinar muy bien entre el deseo de evacuar y la necesidad de localizar a su hijo en su agenda.
En su largo recorrido de un edificio público finalmente le da una orden al teléfono y se lo lleva a su oreja.
Se disgusta al poco tiempo al ver la señal equivocada, repite la órden. Mientras, ya dando lástima de su despcompostura intenta apretar su pito, Pensar en el desierto, imaginar que su hijo está bien, La reserva del yaciretá con bandera Argentina, tantas cosas. Como desde siempre: le ordenó su mente que ahora, mientras suena el teléfono que discó. Entre tanto deseo, y presión se va olvidando a quién llama y el porqué.
-Que querés papá.?
-Hijo!. Espera un poquito, me meo y no llego.
Que?. Le responde
Nada, nada, toy buscando el baño. SILENCIO
Oíme hijo, no seas boludo. Yo me quedé pensando, No tengo miedo a lo que seas. Si nadie te conoce igual que yo, Si venís de mi sangre hijo mío, Nada de lo que me digas me va a asustar, Quedate en casa hijo mío.
Nada?. No hiciste otra cosa que rechazarme!.-Dijo el hijo
AHhhh. (mientras camina chueco y ya descompuesto) entra a un baño.
Perá perá hijo, dame un segundo.
Al entrar en este viejo baño de edificio público ve que la puerta está cerrada.
Ahhh. Aca estoy hijo. Disculpame. Que me decías?.
Papá, me voy. Esta tarde, a Berlín.
El hombre frena y queda atónito en medio del pasillo.
Como?.- Dice el padre.
Papá: no te engañes. Yo no soy como vos. Es más, creo que soy gay. Si nunca pude mear como vos papá. Soy diferente.
Entre el desvanecer de su nuevo y más intenso viaje, este hombre se abandonó a si mismo y recordó que alguna vez, en un tiempo lejano, fue un niño que meaba en la vereda y que esto no significaba gran importancia para nadie. Ya que asumía que al ser niño era indefenso y por esto mismo se atrevía a pasar cada situación con la naturalidad que corresponde el sacar el pito y mear de una vez.
Pero en esta ocasión y por primera vez el hombre se meó, porque no hubo pudor, no hubo ego, no hubo falsas expectativas que lo acerquen más a la verdad de ese momento, en que su cuerpo, su alma y su pene estaban tan desalineados que no era capaz de explicarle a su propio hijo, en pocas palabras, lo que Dorella le había enseñado.
Entonces lloró, lloró como si ese niño de 4 años no hubiese llorado si lo captasen, Lloró como un hombre de 50 que se mea en el trabajo.
Y recién ahí, su hijo comprendió finalmente que no se trataba de cuan grande era el cuerpo o el alma, o el pito.
La cosa pasaba por otro lado. Y no hacía falta trasladarse ni ser diferente para darse cuenta.
Fin

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