viernes, 14 de noviembre de 2008

Pánico y locura en Ámsterdam

Corrían las 10 de la mañana de un frío Viernes de Febrero en Ámsterdam. La silenciosa ciudad Europea lucía más frígida, cruel y distante que antes para mí. Es que mis anteriores 13 días estuvieron dotados por una cantidad inescrupulosa de aventuras y situaciones de supervivencia máxima pero hoy me encuentro en aprietos.

Al levantarme esta mañana mis preocupaciones se convertían en pesados segundos seguidos por minutos que no conducían a ninguna señal de tranquilidad o estabilidad prematura.

Llegué aquí en un vuelo Barato de Madrid, Siendo que estuve viajando antes por España visitando primero a mis hermanos que generosamente me alojaron antes de comenzar solo mi viaje de mochilas, tabaco y guitarra. Pero España fue otra historia, el confort de la casa de un familiar con horarios, comidas y reglas incluidas nada tiene que ver con la vertiginosa noción de estar solo en tierra ajena con una guitarra al hombro y nada de dinero en el bolsillo.

Esa es la premisa de este viaje, viajar llenándome la panza con la guitarra y pagando un cuarto también con las “generosas regalías” de tocar en la calle música hispana en un país escandinavo.

Pero soy un superviviente de rara cruza con un desafortunado aventurero. Todo me ha pasado en este viaje, salvo que esta vez por suerte no he perdido mi documentación, eso me llevaría a otro tipo de aventuras pero que no hubiese deseado; Estas en cambio, fueron aventuras buscadas y que en el momento presente no hubiese cambiado por ningún tipo de solución no provista por mi ingenio y talento.

La música no me daba para ser honestos una gran visión, Precisaba para terminar el día ganar unos 24 Euros, siendo que a veces no llegaba a los 17. Pero esa era mi historia cada mañana. Nada de deprimirse, pues no había tiempo. Tocar en las zonas permitidas y en los momentos donde no era conveniente hacerlo, salir a pedir trabajo en restoranes argentinos. Recuerdo y me veo entrar a ciertos sitios anunciados como “Argentinos” pero que poco tenían de ello, con una cara de Angel caído, esperando encontrar a un piadoso compatriota tomando un mate y preguntando noticias de nuestras tierras para luego ofrecerme trabajo. Nada de esto pasó, eran Indios, Egipcios, Chinos, Israelíes, Yankis y demás ofreciendo gastronomía Argentina, muy poco había de ella, muy poco había de hecho de mi país en esos tristes locales en los que se mezclaban las imágenes de una Boleadora con un gran Jesucristo.

Pero éstas como bien relato eran las mañanas normales, ya que cada día de mi viaje fue una aventura, la aventura de sobrevivir y no morir en el intento…Recuerdo atravesar cada mañana con ilusión, esperanza, cojones, sonrisas y tanta energía que contagiaba a todo ser vivo que conversaba conmigo. Sucedía simultáneamente la Ocupación Americana a Irak, grandes manifestaciones se acontecían en todas las capitales que visité, sin embargo entre tanto pesimismo mi cosmovisión del des apego afectaba a los carnales de manera de ejemplo y esa gran ilusión era la que me otorgaba el combustible necesario para que cada mañana al no ver un centavo en mi bolsillo y al bajar a desayunar en los Hostales donde me alojaba me preguntaban:

-se quedara a dormir hoy?.

YO siempre respondía que no lo sabía, que les dejaba el bolso en recepción hasta la tarde, que debía pensarlo. La verdad es que cada mañana de esas soñaba con poder dormir allí, cenar y porque no bañarme, pero la incertidumbre era más fuerte y jamás en mi estadía por esa ciudad pude acostumbrarme a decir:

-Si señorita, esta noche me quedo. Tome aquí el dinero por adelantado.

Recuerdo el café de las mañanas acompañado por alguna tostada, intentado comer más de la cuenta para así poder tener el barril lleno, sin saber cuando volvería a cargarlo. Pero mi energía positiva brotaba y el miedo se reducía a meros turbios pensamientos. Luego cruzaba la puerta divisoria con el mundo real y se escribía otra mágica página de mi adolescencia descontrolada ahora manejada sola y exclusivamente por mi y por mi destino. Pero aquella mañana fue diferente, quizás porque al cruzar el umbral la energía no fue tan bonita. Ya corrían 2 semanas de incertidumbre absoluta y siendo hoy viernes habría una gran manifestación contra Bush en la pequeña ciudad, se esperan mas de 3 millones de personas y eso revolucionaría mi pequeño negocio de vender música espontánea en la calle. Es que la silenciosa ciudad esa mañana se notaba muy ruidosa y agitada. Entonces pensé, si no hay silencio quien va a pagar por mi música, quien va a querer si quiera escucharla?!.

Comencé ese día entonces muy preocupado.

Salí a caminar mirando mucha gente nueva, mis rincones predilectos en donde ofrecía mis servicios se encontraban todos ocupados y al estar la ciudad civilmente ultra ordenada están claramente divisados los sitios para los músicos y ya no quedaban muchos. Mi preocupación fluía.

Me encontré con Cristian, un Argentino muy particular, ya que poco recordaba de su país. Un chico que huyo exiliado junto a su familia a la edad de 12 años y que su padre murió a los 2 meses de llegar a Madrid precipitado por una gran depresión. Su pasado marcaba un dolor y resentimiento a una historia Nacional que yo conocía muy poco. UN chico ejemplarmente pacífico que viajaba solo desde Hacía 9 años. Mandando cada mes un sobre a su hermana y madre en Italia con dinero para poder oficiar así el rol de “hombre de familia”.

EL estaba de vacaciones, trabajaba recogiendo frutas en Bruselas. Pero estaba decidido hoy recorrer la marcha y me invitaba a hacerlo junto con él. Tras explicarle mi situación y agradecer la invitación el me demostró que no debía preocuparme, que el día estaba marcado por el destino y que nada podía hacer yo más que estar muy atento para ver como ganar el dinero que me haría falta en unas 8 Hs. Para ganarme un cuarto y un baño.

Existía otra opción siempre latente, pero era un centro de caridad al que no quería bajo ninguna circunstancia llegar. EN Ámsterdam se encuentran mucha gente en estado crítico de adicciones y otros problemas con los que yo no me quería cruzar.

Las manifestaciones comenzaron a las 16 hs.: Ordenadas, ejemplares y pulcras comenzamos porque no, divirtiéndonos. Pero esa oscura percepción de que el día terminaría mal prevalecía.

Recuerdo estar caminando en una calle junto a otras miles de personas al lado de un camión itinerante con música y un presentador punk que era un ciudadano al que había conocido en la calle y con el que había logrado gran empatía.

Recuerdo ir mirando hacia delante mientras el desde el camión se escuchaban protestas en Dutch (idioma local) y presenciando este gran momento.

De repente mi amigo Argentino me llama la atención diciendo de que le parecía que me estaban llamando a mi. Cuando voltee a mirar, el presentador y amigo punk del camión me llamaba con su megáfono frente a todos. En el camión había banderas anarquistas, una batería y amplificadores, pero por lo visto, faltaban los músicos.

Este chico pretendía que yo me suba a cantar y así motivar a esta gran masa de gente de todas las nacionalidades posibles.

Cuando vi que efectivamente me llamaba a mi intenté lo imposible, evadir la situación. Me generaba tanto pánico, miedo, vergüenza que creo que ahí me di cuenta que no quería ser músico en la vida, después de todo la idea de viajar tocando se remontaba a ver cuanto amaba yo la vida del músico.

Al volver a ver a mi Amigo Cristian él mismo me alentaba a subir y yo ya era un niño queriendo correr al regazo de su madre a llorar. Pero mi madre no estaba, yo estaba solo allí y la única alternativa que tuve fue tomarme un largo tiempo en llegar al escenario y subir a tocar.

En el camino mis preocupaciones cambiaron, preguntas trascendentales como: que hago aca?, porque me fui de casa?, que cancion voy a tocar? Se travesaron por mi mente precipitadamente en esos largos pasos hacia el escenario. Pero no había tiempo para respuestas. Ya estaba arriba mirando miles de cabezas que me miraban y esperaban que haga algo. Mientras tanto mi loco amigo y presentador gritaba consignas que yo no entendía hasta que pude comprender una de ellas: Argentino.

UN frío, raro y esparcido aplauso surgió de entre la gente mientras enchufaban mi guitarra. Recuerdo ver mis manos temblando como pistones. Me dije a mi mismo: Ya está!. Tocá algo…Mientras hacía el clásico hum hum por el micrófono ni una idea había salido en mi mente y comencé por ver mi afinación, por suerte un desperfecto me dio 10 segundos más. Hasta que salió un apagado mi, desde el surgió otra nota y antes que me de cuenta sonaba a una especie de samba y encajaba perfecto con la canción de fito páez “yo vengo a ofrecer mi corazón”. Cerré los ojos, intenté olvidarme de todas mis preocupaciones del día y la canción fluyó, de hecho me sentí muy cómodo haciéndola y pude sentír las hermosas palabras que componían esta canción de un gran compatriota llegándome a emocionar y conmover y comprendiendo que con esta espontaneidad no habría mejor canción que dedicarle a la guerra y a la causa de esta gran marcha.

El tiempo pasó, terminé mi canción y recibí un hermoso aplauso, quizás el más lindo que vaya a recibir en mi vida por el significado que atrajo en el momento.

Me bajé del camión. Quise buscar a mi amigo pero mi emoción no me permitía ver a mi alrededor literalmente. Me encontró, estaba emocionado y al borde de las lágrimas. Me confesó que había recordado mucho de lo que ya había olvidado de su patria y que entre sus memorias volvió algo completamente enterrado: Las milanesas.

Ese instante llenó de vida este día en que preocupado había vuelto a dudar de mi destino y del azar del viajero. Ámsterdam se hizo silenciosa nuevamente y me convertí de nuevo en un fundamentalista de la libertad.

Más tarde encontré un pequeño sitio en donde tocar, el dinero que precisaba llegó y mucho antes de lo que me imaginaba.

Aquella noche invité a mi amigo Cristian a comer comida china y a seguir hablando de la vida. Lo disfrutamos mucho y bebimos un poco más de la cuenta.

A la mañana siguiente el se retiró, nunca más volví a verlo….

FINAL

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